domingo, 27 de mayo de 2012

ESTO NO ME LO DICES A LA CARA


Me levanto con cara de trueno,
de lo que se deduce que estoy tronado. (*)

Me levanto con cara de lagartija,
de lo que se deduce que soy lagarterano,
o, cuando menos, un reptil saurio pequeño, ligero y espantadizo.

Me levanto con cara de cabreo,
de lo que se deduce que soy un cabrón
al que nadie aguanta su malhumor.

Me levanto con cara de vino,
de lo que se deduce que alguien convirtió mis aguas -menores,
por supuesto- para joderme no más, pues todo el mundo
se queja de que tengo cara de borracho de callejón.

Me levanto con cara de contrito,
de lo que se deduce que estoy contratado en una empresa pobre,
o soy funcionario de la Junta de Castilla y León,
a punto de pegarme un tiro con el lápiz recién afilado,
que me llevaré a mi casa, junto con la grapadora,
cuando me despidan.

Me levanto con cara de pescado,
de lo que se deduce que ya me echaron el anzuelo
y me dejaron boqueando y sin agallas (aunque parezca lo contrario).

Me levanto con cara de Rajoy,
de lo que se deduce que estoy en el baño, me cago en todo
en sentido real y figurado, me miro al espejo y me prometo
a mí mismo que, conmigo al mando, todo irá de perlas.
De las mismas, convenzo al del espejo para que me vote,
diciéndole alguna que otra mentira.

Después de esto, me vuelvo a la cama:
a mí nadie me echa en cara cómo es mi ídem,
que bastante tengo con ir de vez en cuando a la morgue
para reconocerla y que me la devuelvan.


(*) Los versos los tomo prestados de Nicanor Parra, Premio Cervantes, a quien descubro tarde, como siempre me pasa con las cosas que merecen la pena.

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