No tengo aves en las manos.
No tengo nubes en los pies.
No tengo jueves a la vista.
No tengo llaves en la puerta.
No tengo naves en el mar.
No tengo aleves sentimientos.
No tengo claves en la piel.
No tengo breves estadías.
No tengo nieves en los años.
No tengo suaves tarareos
No tengo graves consecuencias.
No tengo nueves que ahorrar.
No tengo salve, adiós, me largo.
No tengo uve doble en medio
ni querube en frontispicio.
No tengo adobe en construcción.
No tengo plebe que me adore.
No tengo debe en el debiera haber.
No hay percebe en salpicón.
No hay desnieve en el otoño
ni aguanieve en el verano.
No hay quien trabe buena masa.
No hay relieve horizontal
ni arquitrabes a la griega
ni astronave en los confines
del enclave existencial.
No hay ¡quién sabe! y ¡qué más da!
No prescribe el mal de muchos ni el
desconsuelo de tontos.
No describen estos versos tantas cosas
que me faltan.
No me escribe a quien yo escribo
ni se adscribe a mi querencia
ni suscribe mi convenio
ni transcribe mi arrebato.
¿Quién prohíbe andar a tientas por tu
cuerpo?
¿Quién cohíbe la ilusión
del que se exhibe en pelotas?
¿Quién recibe las pedradas de los que
esconden la mano?
¿Quién concibe el desamor cuando lo que
falta es guita?
¿Quién apercibe al malquisto y relega al
bienquistado?
No hay acabe en este empiece.
No me cabe más tragedia.
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