jueves, 31 de mayo de 2012

LOS MERCADERES VENDIERON TODAS SUS EXISTENCIAS


Los mercaderes vendieron todas sus existencias
y, lejos de poner el cartel de cerrado
por falta de género, se dedicaron a vender
el futuro en forma de niña de ojos azules,
anoréxica, pintada y vestida como una mujer;

en forma de muchacho con el torso desnudo:
primero con barba descuidada de tres días,
vestido con una falda transparente
y los ojos corridos de rímel;
luego con la faz claramente imberbe,
maquillada con polvos blancos
y los caninos asomando por entre
las comisuras de los labios entristecidos;
hasta que, yendo aún más lejos
en su depravación, se dedicaron a vender
el futuro en la forma de un afeminado
que muestra sujetadores
para que los compren las muchachas hombrunas
de pelo rapado, herrajes en la lengua,
los pezones y la vulva, y hablar obsceno.

Lo extraño de todo esto
es que nadie mostró ningún reparo.
Todos rieron las gracias de los mercaderes
que vendían humo envuelto en papel de celofán.

Animados por la coyuntura,
los mercaderes ahora nos están vendiendo
nuestro propio pasado.
                                      A pesar de que es nuestro,
que lo recordamos bien o mal,
que nos identifica ante nuestras almas
y las almas de aquellos con quien compartimos
nuestra propia vida;
a pesar de que nos pertenece tanto
como nos pertenecen los ojos asustados
con que miramos al mundo, se lo compramos
sin regatear,
sin quejidos de angustia,
sin molestarnos en absoluto
la traición que se adentra en nuestras vidas
como se adentra un hierro candente
en nuestra carne anestesiada
al final del intestino grueso.

No soy vaticinador, pero yo no daría
una mierda por los futuribles de la humanidad.
(La burbuja inmobiliaria es pura bagatela al lado
de esta burbuja de vapores mefíticos a punto de estallar).

¿Quién me los compra, que los vendo baratos?

domingo, 27 de mayo de 2012

ESTO NO ME LO DICES A LA CARA


Me levanto con cara de trueno,
de lo que se deduce que estoy tronado. (*)

Me levanto con cara de lagartija,
de lo que se deduce que soy lagarterano,
o, cuando menos, un reptil saurio pequeño, ligero y espantadizo.

Me levanto con cara de cabreo,
de lo que se deduce que soy un cabrón
al que nadie aguanta su malhumor.

Me levanto con cara de vino,
de lo que se deduce que alguien convirtió mis aguas -menores,
por supuesto- para joderme no más, pues todo el mundo
se queja de que tengo cara de borracho de callejón.

Me levanto con cara de contrito,
de lo que se deduce que estoy contratado en una empresa pobre,
o soy funcionario de la Junta de Castilla y León,
a punto de pegarme un tiro con el lápiz recién afilado,
que me llevaré a mi casa, junto con la grapadora,
cuando me despidan.

Me levanto con cara de pescado,
de lo que se deduce que ya me echaron el anzuelo
y me dejaron boqueando y sin agallas (aunque parezca lo contrario).

Me levanto con cara de Rajoy,
de lo que se deduce que estoy en el baño, me cago en todo
en sentido real y figurado, me miro al espejo y me prometo
a mí mismo que, conmigo al mando, todo irá de perlas.
De las mismas, convenzo al del espejo para que me vote,
diciéndole alguna que otra mentira.

Después de esto, me vuelvo a la cama:
a mí nadie me echa en cara cómo es mi ídem,
que bastante tengo con ir de vez en cuando a la morgue
para reconocerla y que me la devuelvan.


(*) Los versos los tomo prestados de Nicanor Parra, Premio Cervantes, a quien descubro tarde, como siempre me pasa con las cosas que merecen la pena.

sábado, 26 de mayo de 2012

DON NICANOR TOCANDO EL TAMBOR


Ya ve usted, don Nicanor, cómo le pintan:
tocando un tambor de gracietas
que no parecen tener repercusión alguna;
porque nadie oyó hablar de usted
en estos pagos: ni al contado ni aplazado,
ni fiado ni porfiado. Claro que por aquí,
hasta los 80 del 20 no se pudo hablar ni oír
ni ver ni sentir. Éramos muertos
acompañando a muertos y así seguimos.
Bueno, ahora nos cobran por eso
y por decir que estamos tiesos.

Se creen que andamos todo el día
pasándola de cojones con la derecha,
con la izquierda y con la pendularia;
practicando el noble arte de la poesía,
que ya es lo único que nos queda
a algunos: a otros aún les salva
la novela histórica y los jóvenes
que le dan dentelladas al mundo,
creyéndose vampiros, magos,
o fulanos mediopensionistas.
Pero son de mentira, porque ya
ni para un peta les da a los pobres.

Pero bueno, a lo que vamos:
que a usted, don Nicanor, se le ocurrió
un día decir que la poesía es el arte
de sacarle el jugo a un idioma;
y ya ve usted
que las palabras están secas,
que los morfemas andan a la greña
con los políticos del turno omnipresente,
que los adverbios de lugar están avergonzados
del mal uso que se les da
en cualquier parte donde se propina una patada;
porque das una patada y aparece un cretino
diciendo delante mía, o detrás tuyo,
como si quisieran tocar el sexo a los pobres adverbios.

Además, en la letra jota del abecedario
-(jota de ¡no me jodas, joder!, por supuesto)-
algunas conjunciones copulativas,
en vez de juntarse como dios manda o desmanda
se han reunido en asamblea popular
para pedir a la Real Academia
que pase a cuchillo a los dequeístas;
y al esclarecido don Arturo Pérez-Reverte
que dedique su artículo semanal a los dantes
y tomantes de las lenguas cooficiales,
que babean el español como quien acaba
de recibir una dosis de electrochoque.

Así pues, tal como está el patio,
me permito hacer un pequeño aggiornamento,
don Nicanor, a su idea de la poesía
y estoy en posición de afirmar que
lo que ahora se entiende por poesía
no es más que el arte de masturbar
a un idioma con las necedades de otro:
el placer se lo quedan los tontos de la autonomía
a la que corresponda el pariente político;
y el escozor de huevos es para los que sufrimos
en silencio tamañas insensateces.

De aquellos lodos de la Transición
vienen estos polvos descerebrados.

miércoles, 16 de mayo de 2012

NO ME CABE MÁS TRAGEDIA


No tengo aves en las manos.
No tengo nubes en los pies.
No tengo jueves a la vista.
No tengo llaves en la puerta.
No tengo naves en el mar.
No tengo aleves sentimientos.
No tengo claves en la piel.
No tengo breves estadías.
No tengo nieves en los años.
No tengo suaves tarareos
No tengo graves consecuencias.
No tengo nueves que ahorrar.
No tengo salve, adiós, me largo.
No tengo uve doble en medio
ni querube en frontispicio.
No tengo adobe en construcción.
No tengo plebe que me adore.
No tengo debe en el debiera haber.

No hay percebe en salpicón.
No hay desnieve en el otoño
ni aguanieve en el verano.
No hay quien trabe buena masa.
No hay relieve horizontal
ni arquitrabes a la griega
ni astronave en los confines
del enclave existencial.
No hay ¡quién sabe! y ¡qué más da!

No prescribe el mal de muchos ni el desconsuelo de tontos.
No describen estos versos tantas cosas que me faltan.
No me escribe a quien yo escribo
ni se adscribe a mi querencia
ni suscribe mi convenio
ni transcribe mi arrebato.

¿Quién prohíbe andar a tientas por tu cuerpo?
¿Quién cohíbe la ilusión
del que se exhibe en pelotas?
¿Quién recibe las pedradas de los que esconden la mano?
¿Quién concibe el desamor cuando lo que falta es guita?
¿Quién apercibe al malquisto y relega al bienquistado?

No hay acabe en este empiece.
No me cabe más tragedia.

martes, 15 de mayo de 2012

VISIÓN DE LA CRISIS


La Izquierda y la Derecha,
unidas sirven para iniciar una oración,
o para que ponga los grilletes el tirano de turno,
ayudado por el lameculos arribista de turno.

Puede que también sirvan para suicidarse
en el mar, en el río, en la bañera,
en un vaso de agua del Carmen, haciendo
un plongeon que abra las aguas -¡oh, milagro
inveterado!- para que pase el cuerpo elegido
a conciencia por el sufrimiento mental,
la tristeza testicular y la desesperanza.

La Izquierda y la Derecha unidas
-mamporreros agradecidos que de los ayes
del pueblo hacen su excusa vital- sostienen
el falo de los plutócratas aquejados
de priapismo monetarista: su sangre
corrompida y estrangulada entre la sínfisis
del pubis y el bálano banal y rijoso
servirá para ungirnos a base de hisopazos
sin remilgos de los mercados bursátiles:
a los que alcance la pestilencia se les pedirá
que, vueltos de espaldas, se inclinen
45 grados de vellón, abran sus posaderas
y se dispongan a gozar del crítico momento
de ajuste presupuestario como vírgenes marchitas,
mancebos caducifolios, coristas de medio pelo.

Muchos ya están dispuestos. Unamos nuestras manos
(la derecha y la otra derecha) y cantemos alabanzas.